No es el entorno, no es la gente, es tu percepción y tus pensamientos.

Todas las emociones son buenas algunas más agradables que otras y nos llevan a un camino de autoconocimiento que nos conectan con lo que necesitamos. El conflicto reside cuando una de las emociones nos “secuestra” y se convierte en nuestro temperamento por lo tanto en nuestro modo de actuar por la vida.

Comencemos por el miedo, es frecuente que las personas que viven con esta emoción de manera permanente se vivan desprotegidos y tengan pensamientos paranoicos como: Si salgo de mi casa algo malo me puede pasar, si les duele el brazo piensan que se los tienen que amputar… constantemente se defienden del medio ambiente porque lo traducen como una realidad amenazante, por lo tanto toman decisiones desde este lugar. ¿Te suena familiar?, ¿Conoces a alguien que esté estacionado en esta emoción? La buena noticia es que existe una emoción que trabaja como antídoto para el miedo y es la CONFIANZA. Atrévete a producirte una realidad digna de vivir una y otra vez, piensa que “lo que viene conviene” y al final lo que pasa termina por acomodarse. Aristóteles decía “si no eres virtuoso finge serlo” la forma atrae el fondo y un día después de ensayar y trabajar en tu persona la confianza te saldrá de manera natural.

Ahora es el turno de la ansiedad, si pudiéramos colocar esta emoción en el tiempo sería el futuro. La ansiedad se apodera de ideas como: ¿Qué va a pasar?, ¿Cómo voy a resolver esta situación?, ¿Qué me van a decir? Es un estado de alarma constante y a nivel corporal las personas con ansiedad manifiestan tensión en  cuello y espalda.

La ansiedad es un estado de alerta constante en el que siempre estás anticipando lo que viene. La persona que vive en este estado posee un nivel de autoexigencia muy alto que no le permite vincularse con los demás.  Una persona muy ansiosa despierta los nervios en los demás e incluso es difícil que tenga amistades profundas ya que busca controlar su entorno. El antídoto de la ansiedad es EL AQUÍ Y EL AHORA aprende a saborear lo que hay, comprende y comprueba que no pasa nada si no controlas todo, te aseguro que serás testigo de cómo la paz llega a tu vida. Un buen ejercicio para fortalecer nuestro nivel de conciencia son las respiraciones profundas y meditar.

La tristeza hace que las personas tengan un filtro de pesadez y apatía. Por ejemplo, con un duelo no resuelto, situaciones emocionalmente fuertes de la vida, enfermedades no superadas, cambios de trabajo etc.…   cuando la personalidad se instaura en esta emoción todo el entorno parece gris.  El antídoto de la tristeza es la ESPERANZA, aquí el que puede ver la luz al final del túnel gana. Es la fuerza de esta emoción que te mantiene de pie y con la fuerza necesaria para poder salir adelante de cualquier situación.

El enojo te ayuda a poner límites con los demás y a protegerte, pero ya cuando te persigue desde adentro te convierte en una persona intolerante, impaciente, super reactiva, todo te lo tomas personal, estás a la defensiva, irritable y peleando. Los que resuelven su realidad a partir de esta emoción son los reyes de la gastritis y de la colitis, cualquier parecido con la realidad es solo una coincidencia. El enojo es una emoción muy empoderada. En muchas ocasiones personalidades débiles y sin recursos se tornan en personalidades violentas y abusan de los demás y mucho OJO porque en los niños especialmente en los varones el enojo es solo una máscara que cubre al miedo.  El antídoto para esta emoción es reconocer tus VULNERABILIDADES y TRISTEZAS de la vida, de esta forma dejarás de “sobrevivir” a la vida, bajarás tus resistencias y comenzarás a fluir de una manera diferente.

Espero que este nuevo año 2020 te ayude a cerrar lo que necesitas para siempre ser la mejor versión de ti.

Elaborado por:
Diana Arreola Torres
Mtro. Psicopedagogía

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