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Por lo general creemos que entendemos lo que nuestros hijos están pensando ó sintiendo cuando, en realidad, nos hallamos muy lejos de la verdad. Cuando conseguimos escuchar a los niños sin juzgarlos y sabemos comprender los problemas que verdaderamente les preocupan, nos sorprendemos de lo fácil que se solucionan las situaciones conflictivas. A veces la simple escucha tiene un poder extraordinario.
Para reconocer los sentimientos de los niños no es preciso repetir sin sentido todo lo que ellos dicen. Si actuamos de esta forma, es posible que los niños se den cuenta en seguida y duden de la sinceridad de nosotros como padres. Es necesario ser sinceros, espontáneos y naturales. Existen muchas formas de saber escuchar sin caer en una actitud forzada:
Podemos adaptar las palabras de nuestros hijos. Ejemplo: si el niño dice “Estoy un poco asustado…” decirle… “¿Tú crees que eso da miedo?”. A veces un simple sinónimo basta para que la respuesta no parezca tan mecánica.

También es posible transformar la frase del niño en una pregunta que invite a dar información y que no sea del estilo ¿por qué?: ¿Alguna vez antes has tenido miedo y luego se te ha pasado?.
Cuando ellos les digan cosas que no entiendan, el repetir o adoptar sus propias palabras puede ser la mejor forma de conseguir más detalles. Decir alguna frase corta, que no implique juicio alguno, como: “Oh… ya veo… Mmmmm…”, que comunica al niño que lo ha escuchado, le invitará a seguir expresándose.
Otra buena posibilidad es poner nombre a las emociones que el niño siente. El poner nombre a las emociones de los niños aclara sus emociones, se sienten comprendidos y saben, por ejemplo, que la rabia y el ridículo son algo normal y aceptable: “¡Ya veo, estás sintiendo rabia por lo que te han hecho!”.
Es muy importante tener en cuenta que no es posible reconocer, ni aconsejable aceptar, todos los sentimientos de los niños en todo momento.

Convertirse en un oyente receptivo requiere tiempo y ganas, y hay muchas ocasiones en que esto es imposible.
Los sentimientos y las emociones son determinantes para el desarrollo de la personalidad y, por lo tanto, deben comprenderse, cuidarse, protegerse y respetarse en nuestros hijos. Los padres debemos prestar atención y dedicación al desarrollo y manejo de los sentimientos y emociones de nuestros hijos, pues con ello contribuimos a un buen equilibrio emocional y a un buen desarrollo personal.

Lo importante es actuar con equilibrio y sentido común.

El sentido común nos dará las herramientas como padres para saber que tenemos que actuar primero nosotros para tranquilizarnos en un momento de agitación y después podernos ocupar de las necesidades de nuestros hijos.
Les invito a realizarles esta pregunta a sus hijos: ¿Cómo sabes que Te Amo? Seguramente la respuesta tendrá un impacto positivo en su relación y vínculo. Escucha con atención la respuesta que tiene tu hijo para ti, porque será un regalo difícil de olvidar.

Elaborado por:

Diana Arreola Torres

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