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“La imaginación exagera; la razón subestima, el sentido común modera”

Bienvenidos sean todos a este nuevo ciclo escolar 2017 – 2018 que entre llantos, prisas, madrugadas y desayunos rápidos comienza. Los niños se quedan felices y otros no tanto en las escuelas mientras que los padres de familia retomamos poco a poco nuestra rutina.
Con el inicio de este patriota mes los mexicanos nos sentimos dignos de celebrar cualquier acontecimiento que refleje nuestro espíritu nacional con la bandera tricolor. El sentimiento de “Pertenencia” que año con año nos lleva a festejar las fiestas de la Independencia de México, se vuelve cada vez un escalón más alto y difícil de pasar.
Según la filósofa Simone Weil, todo ser humano tiene la necesidad de contar con raíces, y señala que casi la totalidad de la vida moral, intelectual y espiritual de una persona se alcanza a través de los entornos de los que se ha sentido parte a lo largo de la vida. En efecto, sentirnos parte de un todo más grande, nos libera de la soledad y nos hace sentir más seguros frente a los desafíos de la vida.
Este sentimiento de pertenencia, mucho más allá del mero hecho de integrar un grupo, implica toda una identificación personal, la generación de vínculos afectivos, la adopción de normas y hábitos compartidos, y un sentimiento de solidaridad para con el resto de los miembros. De hecho, cuanto mayor es la identificación que logramos, mayor es también la tendencia a adoptar los patrones característicos del grupo.
Esta increíble fuerza cohesiva es temprana en nuestro desarrollo y suele alcanzarse desde los primeros círculos de pertenencia, como la familia, los compañeros de curso, el grupo de amigos de adolescencia, nuestro pueblo de origen, o la religión con la que nos identificamos.
En todas esas inclusiones, independientemente de su naturaleza, lo que buscamos es responder a una de las necesidades más esenciales del ser humano: reconocimiento e identidad. Por eso, cuando por algún motivo ello no ocurre o el sentimiento de identidad es débil, las personas tienden a buscar falsos grupos de pertenencia, que aparecen en su vida en forma pasajera y que no logran más que una “ilusión de reconocimiento”. Erróneamente piensan que vistiendo o hablando de una determinada forma, escuchando un tipo particular de música, o moviéndose en ciertos ambientes, van a lograr por fin un sentido de pertenencia. Sin embargo, sólo logran una especie de máscara, una identidad quebradiza e inestable, que jamás alcanza la solidez de aquella que se logra en relación con una familia o con un grupo donde los vínculos son más profundos al igual que la historia.
Me gusta imaginar a nuestra identidad como nuestro propio hogar. Un hogar donde nos sentimos tranquilos y en paz, donde no existen los miedos ni las inseguridades. Y lo mejor de todo, es que es un hogar portátil, va contigo allá donde vayas. Puedes mostrarte seguro y auténtico en cualquier situación y ante cualquier persona. Porque cuando conectas con tu esencia sabes que los juicios, la vergüenza, los pensamientos negativos, no te pertenecen.
Es por esto que te invito a generar en tu familia un círculo de lazos fuertes, en donde cada integrante se pueda sentir siempre seguro y quiera regresar en momentos difíciles de la vida. Esto sin duda no es una tarea rápida de lograr pues requiere que todos los miembros se involucren en un nivel muy íntimo, los beneficios sin duda serán para todos independientemente de la etapa de vida que estén atravesando.

Referencia:
Salszman, M. G. (2013). Identidad, subjetividad y sentido en las sociedades complejas. FLACSO Mexico.

Elaborado por:
Diana Arreola Torres
Mtro. Psicopedagogía

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